fbpx
Conecta con nosotros

Opinión

El escribirnos, leernos y releernos nuestra propia historia

“Los hombres no sólo viven, sino que se acuerdan de lo vivido y, con no poca frecuencia, tienen el atrevimiento de pasar de la memoria a la escritura”.
Jaume Aurell

Por: Gabriel Jaime Acevedo Valencia.

Bueno, aquí vamos con nuestra primera columna, quiero comenzar un nuevo capítulo de mi vida, y por eso escojo un tema muy especial, “El escribirnos, leernos y releernos nuestra propia historia”. La escritura, dio inicio como una herramienta en tiempos de Mesopotamia debido a las necesidades administrativas y económicas. Pero independiente de su génesis, gracias a ella se comenzaron a grabar y a transmitirse los primeros escritos relacionados con la historia antigua “vestigios de la cultura humana” -grabados en piedra, arcilla y cuero- pero también gracias a ella, fragmentos de la memoria se conservaron en el tiempo dando origen a las primeras identidades culturales. Es por lo anterior, que la escritura ha marcado una estrecha relación con la identidad cultural de los pueblos y la conservación de la memoria.

Comencé con este tema sabiendo que no soy un experto, “mea culpa”, para no decir: neófito, amateur. Pero abusando de la osadía me atrevo a subrayar la importancia de la recuperación y reconstrucción de la memoria e identidad cultural de los territorios, mediante la escritura y la lectura. Las sociedades, comunidades y pueblos tienen recuerdos colectivos; trágicos y traumáticos derivados de las problemáticas que ha padecido el país. Pero en esa memoria no solo emergen cosas negativas; la pujanza, la cultura, el folclor, la literatura, saberes y principios, hacen posible que los pueblos resistan en el tiempo y construyan su propia identidad.

Por infortunio y dado el natural cambio generacional, cultural y tecnológico de las sociedades y territorios parte de esas memorias colectivas e individuales van quedando en el olvido, siendo: “un pueblo sin memoria, un pueblo sin identidad”.

Nuestra esperanza yace en la medida en que podamos escribir, leer y releer los fragmentos que conforman nuestra memoria e historia. Una forma de grabar, enseñar y replicarse en el tiempo. Es un derecho y un deber el conservar nuestras memorias. El poder narrarnos a sí mismos y a los demás, se debe pensar como una manifestación genuina que hace parte del libre ejerció de la libertad de expresión. Recuperar la memoria es también una forma de conocer la verdad, hacer justica y cerrar heridas. Es darnos la oportunidad de poder perdonar y reconciliarnos. Además, para quienes pueden o quieren compartir sus recuerdos, hablar de ello es también una forma de superación, de terapia individual, una catarsis liberadora.

Esto adquiere especial relevancia en aquellas comunidades que han vivido procesos traumáticos derivados del conflicto social; causante de violaciones a los derechos humanos. A pesar de tantos momentos difíciles y dolorosos, los pueblos avanzan, tenido mucho más que contar y narrar, algo diferente a la falsa identidad que nos han querido vender los medios de comunicación, junto a las instituciones del Estado.

PUBLICIDAD

“Anorí” “mi hermosa tierra”, un pequeño pueblo ubicado en la subregión del Nordeste Antioqueño. Y que no es solo la tierra de la famosa operación Anorí (1973), de los cultivos ilícitos, o de los mal llamados falsos positivos (tendremos que ir profundizando en estos y otros temas en otras columnas), también es tierra de poetas, escritores, escultores, artesanos, arquitectos y artistas, de campesinos valientes y pujantes. Es la tierra del chocolate, de los cafés especiales y orgánicos, de la miel de abeja, la leche y el “casao” de queso con panela. Es el municipio “verde de Antioquia” el del “Arrierito Antioqueño” (ave endémica – Lipaugus Weberi) y de muchos endemismos más. Es la tierra del Oso de Ante Ojo, de la Pava Negra y el Paujil Pico Azul, es la tierra de la bio-expedición Anorí, donde se identificaron 19 nuevas especies para la ciencia (2018).

Es por ello y por mucho más que no queremos que nos sigan contando y narrando desde afuera. Es triste para nuestras generaciones y para las venideras, el estar sometidos a que nos digan cómo debe ser nuestra historia. Debemos hacer una pausa en el camino y darnos la oportunidad de ser protagonistas de nuestro propio relato, “guardianes de nuestra propia memoria”, porque en ella no solo ha existido el desastre, también ha existido ciencia, arte, historia, biodiversidad, escritura, riqueza y leyendas que se deben leer, contar, enseñar y replicar a través de la escritura y la lectura (Mitos y leyendas, mi tierra y algo más).

La invitación es a que nos apropiemos de las memorias e historias que dejaron nuestros antepasados, personajes ilustres y espectaculares, tales como; León Zafir, (Pablo Emilio Restrepo López) quien dejó en sus trabajos un legado poético y musical que se convirtió en parte de la tradición cultural de Antioquia y de Colombia, escribió libros como: “Aquí Voy” (1935), “Luna sobre el monte” (1939) y “Nosotros somos así” (1963), y la letra de la canción “Tierra Labrantía”. El señor Antonio Bahena: inventor artesano, del “Molino Antioqueño”.

Y no podría faltar, Pedro Nel Gómez Agudelo, por el que los Anoriseños sacamos pecho y nos sentimos orgullosos de nuestra tierra: ingeniero, urbanista, filósofo, escultor y muralista (uno de los mejores muralistas de América Latina), Fundó la Facultad de arquitectura de la Universidad Nacional en 1946, realizó la planificación del barrio Laureles en Medellín, y nos deja el estudio de la casa museo, en el barrio Aranjuez de Medellín.

Todo esto nos obliga a la defensa de la memoria de un pueblo, que refleja que provenimos de una raza talentosa, inteligente y ejemplificante, el cual, tendremos siempre como principal recurso en “el escribirnos, leernos y releernos nuestra propia historia”.

PUBLICIDAD

Agradecimiento al maestro, historiador e investigador Óscar Emilio Yepes

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de elnordeste.com


PUBLICIDAD