Trapito al cielo
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Trapito al cielo

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”
Gabriel García Márquez.

Por: César Augusto Foronda Foronda.

Habían llegado allí, transitando onduladas vías que cruzaban cordilleras, montañas y valles, las vías que habían construido sus antepasados paisas, a golpe de pica y pala con determinación, con empuje, con templanza, hacedores de grandes e incontables hazañas. Hasta este lugar había regresado él. Al mismo espacio que solía visitar para estar solo. Pues alguna vez escuchó decir que, “Quien disfruta de su soledad, ha encontrado la felicidad”. Y ahí divagaba, perdido entre el verde profundo de la ladera y el peralte oscuro de la carretera, en busca de la suya. Ese día, había nacido el momento y lugar perfectos para atravesar sus vidas. Un suspiro al viento, aquel mirador, un pedazo de tela, los dos consumidos por único instante.

Hace apenas algunas vidas, a plena luz del día mientras viajaba podía ver la vía con claridad, cómo su pensamiento, sus demonios estaban dominados, así lo pensaba, así lo creía. Sin embargo, al llegar la noche lo cubrió la bruma, se apoderó de él un vacío en el fondo de su ser, como una punzada en su vientre. Todo hombre en algún momento se encuentra condenado a enfrentar sus propios “demonios”, pero esta vez era distinto, era real, tenía aroma, tenía piel y el cabello ensortijado y ahí estaba el tipo escribiendo, enfrentando los suyos.

Seguía inmóvil en el mirador, desde donde se divisa el valle, un valle lleno de historias, antepasados, rutas de independencia y fundadores de pueblos. Desde allí las nubes se levantaban y se tendían como un colchón dispuesto a su merced. De pronto, la bruma y la noche habían cesado, de nuevo fue diáfano su ser, y con la vista suspendida en el horizonte arrebolado se lograban ver las luces de las casitas a lo lejos, donde habitan pensamientos tan diversos como abstractos. Qué imágenes maravillosas pululaban de aquel lugar.

A lo lejos, sobre el valle, un río lo atraviesa, lo parte en dos, se asemeja a su corazón. Un amor, dos personas y una grieta los separa. Ansioso se encuentra él, por encontrar entre tantos lugares, un camino que los una, uno que le permita estar nuevamente del otro lado, disfrutar de su compañía, su conversación, sus pasiones. Soñó con ser lanzado al abismo y como un ave en vuelo, caer suspendido en cámara lenta mientras pasa toda una vida por delante suyo, como el vuelo de una cometa multicolor por aquellos cielos.

Allá abajo, en aquel conjunto de cajoncitos iluminados, en un “Valhalla” imaginario, estaba ella esperándolo bajo la luz senil de una vela, tan viva, tan real, tan presente como aquel día en el que un “trapito” cayó al suelo y él lo recogió. Y así, al levantarse, descubrió su aroma, un aroma que nunca olvidó. Ella en su interior pensaba: Que hermoso sería volver a lanzar un “trapito al cielo”.

Para ti, que puedes descifrarlo.

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de elnordeste.com

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