De cómo el proyecto de nación se ha visto perjudicado porque no lo somos
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De cómo el proyecto de nación se ha visto perjudicado porque no lo somos

“Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual.” Martin Luther King

Por: Andrés Esteban Cardona González.

Sin ánimo de demeritar la labor de los próceres de la independencia, hablar de este hecho es motivo de muchas discusiones, y entre ellas, el reconocimiento de Colombia como una nación que nunca termina de construirse. Según su la definición la nación es “Conjunto de personas de un mismo origen étnico que comparten vínculos históricos, culturales, religiosos, etc., tienen conciencia de pertenecer a un mismo pueblo o comunidad, y generalmente hablan el mismo idioma y comparten un territorio.”

En ese orden de ideas y arriesgándome a que me llamen revisionista, desde los tiempos de la Nueva Granada, cuando se gestó la independencia, este concepto no se desarrolló porque desde entonces ya los libertadores impusieron sus ideas para la configuración política del país, e incluso se traicionaron y se dividieron entre sí, porque no había un común acuerdo de cómo debía formarse a los ciudadanos criollos para los tiempos futuros.

Es más, retrocedamos otro poco, antes de lograr la independencia de la Nueva Granada, según fechas el 20 de Julio. 17 días antes de la independencia de Colombia, ya Cali se anunciaba como una provincia independiente de las fuerzas realistas como también lo hicieron otras zonas del país, además del logro indígena en los llanos orientales. Sin embargo, lo que entrega la historia como gran hecho fue el grito dado por José Acevedo y la excusa del Florero de Llorente que se da en el centro y que desde ahí ya marcaba una pauta sobre el centralismo buscado por muchos próceres. Y esto, sin ser grave, es un descuido fuerte, con una autorreflexión a los que normalmente en los actos cívicos continuamos contando la misma historieta de siempre, ya que, si pusiéramos con mayor fuerza los antecedentes, seríamos más agradecidos con las periferias del país por ser ese sector que debilitó a los realistas y así lograr en Santa Fe de Bogotá (Bacatá, nombre del territorio indígena antes de la conquista) la declaración de independencia.

Y si continuamos revisando, lo mismo ocurrirá con la batalla de Boyacá y otras cuestiones históricas que pueden observarse en “Colombia: Una nación a pesar de sí misma” de David Bushnell. A lo que yo deseo ir en esta ocasión es a que Luego de todo el furor de independencia, Colombia se construye en los siguientes términos: Un libertador que opta por tener una configuración política centralista, que anuncia un plazo para “alfabetizar” a los indígenas, como si ellos hubieran llegado después de él, una pelea entre Bolívar y Santander acusado de vende patrias, un pueblo que luego de 10 años de la dictadura Bolivariana busca su salida, posterior a ello, un país que construyó su política desde lo conservador y liberal (que al final terminará siendo un conservador camuflado como lo dice William Ospina). Y todo ese pasado que allí se observa, ha sido el alimento de todos los días. Nada ha cambiado desde la colonia excepto la constitución de 1991 donde buscamos un Estado Social de Derecho. Pero más allá de eso, nuestro comportamiento con la otredad, con lo distinto ha sido arribista como lo fue la actitud de los próceres, excluyendo lo que nos es ajeno y usando otras palabras para decir que los otros “no son civilizados”. La idea de nación en Colombia debe pensarse porque aún con una segunda constitución que acaba de cumplir 30 años, seguimos representando cosas de la constitución de “Núñez” en 1886, pareciera que el Estado Social de Derecho nunca se ha reconocido ni siquiera por los discursos de los políticos de turno y aún viviéramos en el excluyente Estado que nos dejó la constitución anterior. Aunque nadie está obligado a quedarse para transformar este territorio, esto solo puede cumplirse cuando decidamos construir una nación desde lo nuestro, sin mirar hacia fuera como lo hicieron Bolívar y Santander, sin pensar que es mejor la vida en X o Y país, y primero conocer todas las riquezas y potencial que tendríamos como una Nación que se identificara con sus costumbres y sus creencias, aún inmersos en una globalización que solicita otras ambiciones.

Seguimos pensando, creyendo que somos una colonia que hace la venia a occidente.

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de elnordeste.com

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